Llegaste a mí sin apenas proponértelo, me tocaste y ya nada volvió a ser igual. Recuerdo que durante aquellos días la vida era otra cosa, los colores eran más intensos y los olores más vivos.
No sé, creo que hay amores que lo ponen todo del revés, y tú tienes el título del más desordenado. El caso es que yo nunca quise volver a darle la vuelta a mi mundo ni ponerlo todo en orden, pero se ve que la inercia y la rutina a todo te hacen acostumbrarte.
Eras mi causa y mi efecto, eras quien provocaba a mi volcán, eras mi acompañante en la vida, mi hielo y mi fuego, mi playa y mi mar.
El hilo rojo que nos unió
No sé si a ti y a mí nos unió el hilo rojo del destino o todo tiene que ver con el azar, lo que sé es que de todas las personas del mundo fuimos tú y yo en aquel lugar. Eso me hace creer en que el culpable fue un señor con sombrero que unió nuestro corazón con un cordón invisible en una noche de luna llena.
Hemos llegado hasta aquí porque nos lo hemos merecido. Porque hemos sido hábiles, porque nos amamos en conjunto y por separado. El desenfreno, el romanticismo y el compromiso dieron paso a dos almas a acompañarse por siempre.
Hemos recreado verdaderos campos de batalla. Hemos llegado al fin del mundo. Nos hemos abandonado. Hemos vuelto. Hemos ahogado a nuestras mariposas
Y es que si algo nos ha quedado claro es que en el amor hay de todo, pero sobre todo, pasiones, enredos y perdón. Porque la pareja perfecta no tiene porqué ser aquella que siempre permanece unida, sino aquella que se siente como ideal.
Sé que desde el minuto 1 estabas destino a ser esa persona a la que iba a perder para siempre…
Te voy a querer siempre
Hay besos que son tan fugaces que tengo que pedirles que vuelvan a pasar. Ahora a todo le pongo puntos suspensivos, porque sé que continuará y que siempre puedo hacer interminables mis momentos contigo.
Da igual el tiempo que pase, si las pasiones ya no nos aprietan, siempre estarás en la zona reservada de mi corazón. En esa en la que el amor no se tiñe de colores, sino de intensidad. Y es que además lo nuestro no fue breve, fue eterno.
